En mi otra clase de literatura hispana, estamos leyendo textos suramericanos, mucho más contemporáneos. Casi todos tratan temas revolucionarios y relatan historias de guerra o conflictos políticos. Contrastan de una manera increíble con los textos de nuestra clase, pero hay varios elementos literarios que se utilizan en ambas clases para analizar los textos. La estructura es uno de los más importantes, en gran parte porque casi siempre está atado al punto de vista que determina cómo el lector percibe lo que lee. En El celoso extremeño el punto de vista es tercera persona aunque al final el autor introduce un “yo;” por lo tanto, el lector ve lo que ocurre desde afuera y tiene la opinión del narrador influyendo su lectura. En la novela Los Pichiciegos, que leímos en mi otra clase, hay un punto de vista muy confuso ya que cambia y todo se relata mayormente a través de dialogo. El narrador básicamente lo que hace es transcribir lo que ocurre, nunca dice lo que piensa, por lo tanto el lector tiene la libertad de formular sus propias opiniones. Esto difiere mucho no solamente de El celoso extremeño, pero también del resto de los textos que hemos leídos; todos tienen narradores que comunican sus pensamientos.
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